Por EFE
Este martes se cumplen diez años de la muerte de Prince, el artista estadounidense que redefinió el pop, el soul, el rock y el funk, y que fue encontrado sin vida en 2016 en su estudio de Paisley Park, en Minnesota, tras una sobredosis accidental de fentanilo.
Su fallecimiento, a los 57 años, conmocionó a la industria musical y a varias generaciones de seguidores que crecieron con un artista inclasificable, capaz de moverse con naturalidad entre géneros y que llegó a cambiar su nombre por un símbolo impronunciable durante su pugna con Warner, la discográfica con la que debutó en 1981.
La causa de su muerte situó su figura también en el centro del debate sobre la crisis de opioides en Estados Unidos, un fenómeno que ha seguido creciendo en esta última década. Prince, que sufría dolores físicos crónicos, era dependiente de los opiáceos y, según las autoridades, tomó pastillas probablemente falsificadas que parecían medicamentos comunes pero que contenían fentanilo.
Hoy, la figura de Prince no solo sigue vigente, sino que ha ganado peso y su influencia es objeto de acalorados debates en redes sociales.





