Por Agencias
El Real Madrid firmó una de las páginas más brillantes de su idilio con la Copa de Europa al derrotar 3-4 a la Roma en un Estadio Olímpico que enmudeció ante la mística blanca. El encuentro, correspondiente a la fase de liga de la UEFA Champions League, estuvo marcado por una carga emotiva total: el regreso del conjunto italiano a la máxima competición continental en su feudo tras siete años de ausencia, el gran momento de ´la Loba´ y el reencuentro de José Mourinho con el banquillo merengue, siendo ovacionado por la afición local.
Desde el pitazo inicial, el planteamiento de Gian Piero Gasperini desarmó las líneas españolas. Un motivado Paulo Dybala avisó antes del primer minuto con un disparo ajustado que rozó el poste de Thibaut Courtois. La intensidad romana cobró su recompensa en el minuto 20, cuando el neerlandés Marten de Roon recuperó un balón en territorio madridista y sacó un zapatazo imperial desde fuera del área para batir al guardameta belga. La celebración colectiva en el banquillo reflejaba la comunión de un equipo que, pese a perder temprano por lesión a su pilar Manu Koné —reemplazado por el canterano Niccolò Pisilli—, sometió al gigante de Europa durante gran parte del choque.
El Real Madrid reaccionó momentáneamente al minuto 25 gracias a un destello de Kylian Mbappé, quien puso el 1-1 tras capitalizar una jugada aislada. Sin embargo, la Roma no bajó los brazos y tradujo su superioridad futbolística en el arranque del complemento. Un doblete soberbio del atacante Donyell Malen en los minutos 51 y 58 colocó un merecido 3-1 en el marcador, desatando la euforia colectiva en la capital italiana y dejando a los de Mourinho al borde de la lona.
Cuando el partido parecía sentenciado y el reloj avanzaba inexorablemente, emergió el ADN competitivo del Real Madrid a través de sus cambios. Al minuto 83, el juvenil Carlos Espí encendió la mecha de la épica al cazar un balón suelto en el área para recortar distancias. Solo dos minutos más tarde, en el 85´, el brasileño Endrick desató la locura en el sector visitante al firmar el empate tras conectar un centro preciso de Arda Güler. La estocada final llegó en el minuto 90, cuando el defensor Antonio Rüdiger, haciendo valer la inexorable ley del ex, mandó el balón al fondo de las redes tras un tiro de esquina, sellando una remontada espectacular en apenas siete minutos y arrebatándole el triunfo a una Roma que rozó la gloria.









