Por Cristina Gómez Lima
Hermosillo, Sonora a 27 de octubre.- Trepados en el lomo de “La Bestia”, más de 300 centroamericanos llegaron a Sonora, luego de viajar tres mil kilómetros desde su salida de Chiapas, recorrido donde enfrentaron la inestabilidad del transporte, asaltos, inclemencias del clima, hambre y la tragedia de los sismos ocurridos en el Centro del País.
El grupo de indocumentados originarios de Guatemala, Nicaragua, Salvador y Honduras, se unieron al Viacrucis Guadalupano Migrantes Solidarios desde Tapachula, Chiapas para viajar acompañados de sus paisanos y crear un grupo de fuerza que evitará el asalto a sus Derechos Humanos.
Durante dos semanas permanecieron obstaculizados en la zona de desastre que dejaron los terremotos, hombres y mujeres de todas las edades ayudado a salvar vidas, limpia de escombros, levantar muros y repartir comida.
Irineo Mújica Arzate, director de la Organización Pueblo Sin Fronteras, ha acompañado a los indocumentados desde Chiapas y relató que el momento que sucedieron los terremotos, los migrantes salieron hacia
Juchitan desde los albergues para rescatar a las víctimas, como una muestra de solidaridad y agradecimiento por las atenciones que han recibido de la población de Ixtépec.
“Nos agarró el temblor en lugares donde de nos han ayudado por años a nosotros y a nuestro familiares, como el padre Alejandro Solalinde, gente que hemos trabajado con ellos y que ahora los veíamos destrozados, lo menos que podíamos hacer era socorrerlos», comentó Irineo Mújica.
El grupo de hombres, mujeres, ancianos, discapacitados, embarazadas y niños no acompañados, van en busca del anhelado «sueño americano» y huyendo de la pobreza, la delincuencia y la falta de educación en su país.
“Tenemos más que ganas que perder”, señaló Melvin Joel Córdova, quien desde el 2 de septiembre salió de Honduras para cruzar cualquier obstáculo que se le presente, su prioridad es darle una vida de calidad a su hija y esposa.
“He recorrido miles de kilómetros, me he enfrentado a asaltantes, he pasado calores, fríos y hambres, nunca había vivido un sismo, pero ni eso, ni el desierto, ni los muros cegarán mis prioridades”, platicó para La Jornada.
En su llegada a Hermosillo, recibieron apoyo de la Dirección de Atención a Migrantes de Sonora quien los dejó pernoctar en una Iglesia, los dotó de comida, agua y botiquín de curación para que continuaran su viaje al País vecino.
La mañana del viernes, los cientos de migrantes marcharon en una caravana por el bulevar Eusebio Kino hasta llegar a las vías del tren y esperar su próxima salida con destino a Caborca Sonora.
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