Por AFP

Inglaterra enfrentará el domingo a un inspirado México en el Azteca por un boleto a los cuartos de final del Mundial; para los ingleses regresar al templo del fútbol será revivir un fantasma de 40 años, el de una edición de jugadas prodigiosas y una mano divina.

Es una instancia previa a la que los puso cara a cara con la Argentina de Diego Armando Maradona la tarde del 22 de junio de 1986, en un partido que se hizo epopeya.

El Pelusa no solo vengó afrentas que trascendían lo deportivo al anotar el primer tanto con la polémica «mano de Dios», sino que coronó la faena con esa proeza bautizada como el «Gol del Siglo» tras gambetear en carrera celestial a cinco jugadores ingleses.

Regresan ahora al Azteca para enfrentar al coanfitrión mexicano y a toda su hinchada, despiadada con los rivales.

«Quizá sea uno de los partidos más bonitos, de los más emocionantes que se pueden tener. Jugamos contra México en el Azteca», dijo el seleccionador inglés, Thomas Tuchel, que adelantó que será «simplemente imposible» adaptarse a los 2,240 metros de altitud de la capital mexicana.

«Pueden aparecer más obstáculos, pero estamos preparados para ello».

Tuchel no se refirió a la memoria de aquel partido contra Argentina, cuando él tenía 12 años y los astros Harry Kane o Jude Bellingham no habían nacido.

Pero será «la oportunidad de cubrir una cicatriz o de dejarla atrás», estimó el comentarista deportivo Antonio Rosique.

«Que Inglaterra regrese a Ciudad de México 40 años después al estadio Azteca más que un partido, es el regreso a una memoria, a un lugar donde dejó cuentas pendientes, a un escenario donde quedaron fantasmas», dijo a la AFP.

Inglaterra no se corona campeón mundial desde 1966, cita en la que por cierto derrotó 2-0 a México en la fase de grupos.

Pero la derrota de 1986 quedó marcada como una cicatriz.

Antonio Moreno, que dirige el Salón de la Fama del Fútbol Internacional en Pachuca, homenajeó en noviembre pasado a Gary Lineker, estrella británica y máximo goleador de aquel certamen.

El exdelantero puso «una sola condición» para aceptar: «Sí voy, (…) pero si me garantizas que puedo volver a ir al estadio Azteca. Hace 40 años que no voy».

El coloso estaba cerrado entonces por la remodelación de cara al Mundial, pero Moreno consiguió acceso.

Con un casco de obrero, Lineker pisó nuevamente aquella cancha. «Casi llora», recordó Moreno, periodista que cubrió el Mundial 1986.

La memoria de aquel partido también incluye la encarnizada rivalidad entre hinchas argentinos y los temibles ‘hooligans’ británicos, que protagonizaron batallas campales con quema de banderas, puñetes y botellazos.

Al final del juego, la AFP constató entonces que los fanáticos ingleses emboscaron a los argentinos en una avenida cercana y desataron una nueva gresca. Aficionados mexicanos se unieron a los sudamericanos y equilibraron la batalla que dejó decenas de heridos.

«Había una rivalidad más allá de la cancha, yo te diría que era un tema político incluso», señaló Moreno en referencia a la guerra que en 1982 enfrentó a ambos países por las islas Malvinas.

No hay un conflicto hoy que empañe la relación entre mexicanos e ingleses, pero no significa que el duelo será apacible.

La hinchada local se ha convertido en el temible jugador 12 con celebraciones extáticas después de cada triunfo, que el martes congregaron hasta un millón de personas en la capital, y una energía apabullante dentro del estadio.

México además nunca ha perdido un partido mundialista dentro del Azteca y no ha permitido goles en esta edición del torneo.

«¡Es salvaje! No tiene precedentes el ambiente que se ha generado y la comunión que hay con la selección mexicana en este momento», subrayó Rosique.

«Con México adentro, el Azteca sí espanta, sí asusta, se vuelve algo que va más allá de lo futbolístico», añadió.

«Entrar al Azteca en una Copa del Mundo y contra México ahora es un factor a favor» del once local, coincidió Moreno.

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