Por AP
La desnutrición infantil ha alcanzado niveles críticos en un tercio de las provincias de Afganistán y se prevé que empeore, ya que la falta de financiación obliga a recortar la distribución de alimentos y otros apoyos, informó el martes el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.
«Debemos actuar ahora para frenar el aumento de muertes infantiles que esta crisis está provocando», manifestó en un comunicado John Aylieff, director del PMA en Afganistán, y añadió que «ya es demasiado tarde para demasiadas personas».
Afganistán continúa recuperándose de décadas de conflicto y convulsión, incluida la caótica retirada de las fuerzas de Estados Unidos en 2021, cuando los talibanes tomaron el poder.
Olga Cherevko, vocera de la oficina de asuntos humanitarios de la ONU en Afganistán, dijo que los especialistas en nutrición reportan que «la emaciación entre menores ha empeorado este año en más de tres cuartas partes del país». Los menores que sufren un padecimiento conocido como emaciación presentan desnutrición aguda, son demasiado delgados para su edad y necesitan alimentación terapéutica inmediata.
Sin embargo, «demasiados niños llegan a los centros de salud severamente desnutridos», mientras que otros ni siquiera lo logran, dijo Cherevko a reporteros en las oficinas generales de la ONU mediante una videollamada desde Afganistán, país que ha recorrido en los últimos meses y semanas.
El PMA indicó que 142 centros de salud cerraron en 2025 debido a la reducción de la ayuda y que más de 13.000 niños perdieron el acceso al tratamiento nutricional. No mencionó a ningún donante específico, como Estados Unidos, donde el gobierno de Trump ha aplicado recortes generalizados a la ayuda exterior.
Según el PMA, se prevé que casi 3,7 millones de niños afganos sufran desnutrición aguda este año, junto con 1,2 millones de mujeres embarazadas y lactantes.
La agencia señaló que 12 provincias afganas han alcanzado niveles críticos de desnutrición aguda infantil, una cifra récord. Citó una combinación de conflictos, desempleo, aumento de los precios de los alimentos, brotes de enfermedades, deficiencias en agua y saneamiento, y la reducción de la financiación humanitaria.







