Por: Redacción
La ciudad de Kenosha (Wisconsin) vivió este martes su tercera noche de protestas contra la violencia policial y la más sangrienta, con al menos dos muertos y un herido, después de que el domingo un hombre negro de 29 años, Jacob Blake, recibiera varios disparos por la espalda de un agente, que le ha dejado paralítico.
Los medios locales apuntan a que cerca de la medianoche se produjo un enfrentamiento entre manifestantes y un vigilante armado de una gasolinera, que acabó provocando un tiroteo. “Como resultado se produjeron dos muertes y una tercera víctima fue trasladada al hospital con heridas serias pero sin que su vida corra peligro”, aseguró la Policía de Kenosha en un comunicado.
El derramamiento de sangre siguió a una noche de refriegas en las calles de Kenosha, de cien mil habitantes, que parecían haberse calmado después de que la policía disparara gases lacrimógenos y balas de goma contra los manifestantes que desafiaron el toque de queda. En el centro de la ciudad, el choque entre la policía y los manifestantes tras el toque de queda acabó provocando incendios en distintos edificios. Bomberos de más de 30 estaciones de servicio acudieron a sofocar las llamas.
En cuanto a la víctima del nuevo caso de agresión policial contra un afroamericano, Blake sigue en estado grave, pero estable en un hospital de Milwaukee. Su padre declaró a la prensa que el joven padece una parálisis de la cintura para abajo y que los doctores aún no saben si será su estado permanente. Ha sido sometido a una operación pero todavía deberá soportar varias intervenciones más en los próximos días. El informe médico señala que tiene un daño importante en su espina dorsal y en varias de sus vértebras, además de que tiene heridas por los disparos en el estómago, el riñón, el hígado y en buena parte de los intestinos. “Está luchando por su vida y será necesario un milagro para que vuelva a caminar”, dijo el abogado de la familia de Blake, Ben Crump.
Con información de: Cronica








