El Juglar de la Red
Por Rafael Cano Franco
No es lo mismo ser “políticamente correcto” que ser “políticamente leal”. La primera expresión alude a personajes –hombres y mujeres- que gustan cuidar formalidades, cuyas expresiones excluyen: racismo, clasismo, discriminación; son formas que van acordes a temas cuya pretensión es darle visibilidad a minorías y llevan una narrativa que no pretende ofender.
Lo “políticamente leal” supone un acatamiento y sumisión a un poder superior; indica que trata de ir en pro de una tendencia emanada de un personaje poderoso, de esos que impulsan proyectos políticos personales y que devuelven el favor con otro favor, pero que al mismo tiempo eso obliga a la sumisión y exige mucha lealtad, lealtad a toda prueba; esa condición obliga al favorecido a asumir como propio todo lo expresado por ese ente superior, no importa si descalifica, desprecia, insulta, ofende o degrada; de lo que se trata es de mostrar una lealtad que raya en la sumisión, en lo abyecto.
Cuando los gobernadores emanados de Morena –incluido el de Sonora — firman desplegados de apoyo en favor de las ideas del Presidente Andrés Manuel López Obrador, de manera implícita también validan los insultos y descalificativos que este lanza a sus opositores.
Y aseguramos que lo asumen, porque ninguno establece una diferenciación entre aceptar la idea y rechazar el insulto.
Los gobernadores de Morena –incluido el de Sonora—se decantan por todo lo que provenga del Presidente: puede ser que estén en contra en su yo muy interno, pero en público jamás le llevarán la contraria, eso sería impensable y un suicidio político que puede alejarlos de cualquier proyecto a futuro.
Se ha vuelto una constante, que no impresiona a nadie, el que los gobernadores y gobernadoras de Morena, firmen desplegados de apoyo a favor de todo aquello que emane del presidente de la República. No importa lo polarizador que sea el tema, tampoco importa que sea un retroceso o una regresión a tiempos ya superados; no importa lo que piensen esos mandatarios estatales y menos lo que piensen u opinen los ciudadanos, lo que trasciende es que viene del Jefe Máximo y por tanto debe ser apoyado sin objeción o añadidos. ¡A pie juntillas!
Ese verticalismo político, que implica lo políticamente leal en grado extremo, solamente se estila en gobiernos de corte dictatorial o monárquico. En México lo vivimos durante los gobiernos del viejo PRI, pero luego de la transición política del 2000, la del 2006 y la 2012, se había superado esa actitud verticalista que obligaba a todos al aplauso y el apoyo público de aquello que viniera del Presidente.
Al acabarse ese verticalismo, los presidentes de México se vieron obligados a la negociación; en un sistema abierto estaban obligados a ceder y conceder para poder transitar con sus proyectos; en una amplia medida eso permitió avanzar en temas de gran trascendencia para México y permitió un ejercicio democrático, que si bien incipiente, era alentador de que “el presidencialismo” se había desterrado por nocivo.
Pero cantamos victoria muy rápido, el Presidente Andrés Manuel López Obrador no solamente revivió ese verticalismo, al cual no se le cuestiona nada; al mismo tiempo aplicó de manera tajante e imperativa la “lealtad política” como una manera coercitiva para poder estar dentro del grupo de “nosotros”, es decir los sumisos y callados pero beneficiados del toque mágico del hombre fuerte que les puede conceder sus anhelos de riqueza o poder.
En caso de mostrar oposición, reticencia o simplemente querer modificar alguna parte del todo que se propone, se enfrentan ser defenestrados, expulsados del paraíso, negárseles los apoyos y, lo peor, ser mandados con “los otros”, a esos que llama los cretinos, hipócritas, corruptazos y con ello perder los privilegios de formar parte de una casta dorada que puede tenerlo todo con la simple acción de aplaudir.
Hoy que los gobernadores de Morena –incluido el de Sonora—se han decantado por la reforma electoral del Presidente, no solamente le mandan el mensaje a él de su lealtad política, también se lo mandan a sus propios subalternos y les piden la misma sumisión, el mismo acatamiento sin chistar, cuestionar y sin mayor análisis; también les piden el aplauso fácil.
En el mundo de la política y del gobierno a todo eso se le conoce como “lo políticamente leal” –una lealtad al poderso, no al pueblo–, en la vida cotidiana a esos personajes se les conoce como “agachones” y no es insulto, simplemente es descripción.
El documento Oaxaca:
El pasado fin de semana, en la ciudad de Oaxaca de Juárez, El Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A.C. y sus agremiados en todo el país suscribieron el presente documento, donde se plasman las ideas y lineamientos que definen el trabajo en pro del gremio periodístico de México.
Estos son los acuerdos:
1.- El periodismo es una actividad que dentro de una democracia fortalece los vínculos sociales. Le otorga a la sociedad elementos para evaluar el desarrollo de sus gobiernos, sus instituciones, las empresas públicas y privadas, el funcionamiento de los partidos políticos y el impacto que tienen las políticas públicas en los ciudadanos.
El periodismo, lo ejercen hombres y mujeres que en la práctica profesional dominan los géneros periodísticos y son capaces de utilizarlos para plasmar información relevante y que trasciende, por su impacto al momento en el cual se genera.
2.- Los integrantes del Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A. C., rechazamos los conceptos «maniqueos» que pretenden dividir a la sociedad en buenos y malos, “nosotros” y “los otros”. Para el Foro solamente existe un pueblo y es a él a quien se debe ofrecer su labor informativa y solamente a él se le acepta la validación de su quehacer diario.
Ninguna autoridad, ente público o privado, tiene atribuciones para determinar el sentido de la línea editorial de un medio de comunicación o periodista. Nadie se puede abrogar el derecho de recriminar lo que amparados en la libertad de expresión publicamos. En todo caso, son las audiencias las que con su inteligencia y capacidad juzgarán la validez y la veracidad de la información.
3.- Para el Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A. C., el valor fundamental en el cual se sustenta el trabajo informativo es la Libertad de Expresión, y derivado de ello es que hacemos de su defensa uno de los objetivos fundamentales, no solamente para los periodistas, sino como un baluarte que corresponde a todos los mexicanos.
En este punto consideramos de fundamental importancia no sobre regular el trabajo informativo, exigimos se deje de censurar y acosar a los periodistas por la línea editorial que manejan.
No podemos aceptar que amparados en criterios legaloides; hombres y mujeres que ejercen funciones públicas se escuden para evitar el cuestionamiento de los medios de comunicación. Tampoco aceptamos que por cuestiones de género se pretenda acallar críticas al desempeño público.
Estamos a favor del respeto a los ámbitos privados de los funcionarios, gobernantes o personas de cualquier nivel, pero cuando esos actos pasan de lo privado a lo público e inciden en la sociedad, es inevitable que deban ser abordados. De igual manera a un funcionario, gobernante o persona que opera dentro del ámbito público, se le debe respetar su privacidad, pero eso no significa que en el desempeño de su cargo no se le pueda cuestionar, criticar o evaluar en base a los resultados que ofrece o a las propuestas que expone a la ciudadanía.
4.- El Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A. C., es una organización que trabaja en pro de mejores condiciones para el gremio periodístico y su mejora en los diversos aspectos que la profesión demanda. Una instancia que hoy día es una institución, que al igual que otras organizaciones hermanas también trabajan por una causa común a la nuestra.
Expresamos nuestro respeto a todas esas organizaciones y nos sumamos a sus esfuerzos. Les extendemos la mano para caminar juntos en la misión de consolidar, dignificar y profesionalizar el ejercicio del periodismo en México.
Cuando se trata de enarbolar causas de mejora para el periodismo y que estas incidan en un auténtico beneficio social para los mexicanos, no tenemos menoscabo en sumarnos. Rechazamos todos aquellos que se organicen con fines aviesos, como propagandistas de gobiernos en turno o como comparsas de proyectos políticos.
5.- Rechazamos la violencia que se cierne sobre los periodistas de México y condenamos los motores que la generan. No aceptamos que la diatriba gubernamental exponga la integridad física de nuestro gremio. Tampoco aceptamos que al vivir en una sociedad violenta, eventualmente seamos víctimas colaterales.
La violencia en la sociedad es un acto de represión, pero tiene mayores repercusiones cuando se genera desde las altas esferas gubernamentales. Cuando desde la palestra pública se incita al odio y se expone a los periodistas a la censura social por sus trabajos de investigación que exhiben corrupción o ponen al descubierto un mal ejercicio de gobierno.
El asesinato de periodistas es un atentado a la sociedad. Matar periodistas es eliminar ojos y oídos a un pueblo que requiere saber y conocer el devenir cotidiano, que reclama información de calidad y está ávido de saber lo que pasa en su país.
La violencia verbal, que luego motiva en la violencia física, debe detenerse de inmediato. Los discursos de odio son el recurso de gobiernos dictatoriales. En una democracia lo que debe imperar es el debate de las ideas, la discusión pública, las contrapropuestas y particularmente la crítica como un acelerador del desarrollo; cuando se intenta inhibir estas condiciones, no solamente se perjudica a los periodistas, también se lastima al pueblo de México.
6.- Exigimos al Gobierno de México garantías de un ejercicio de libertad de expresión sin adjetivos, sin censura, con tolerancia y que fomente el debate público. El gobierno es el primer ente obligado en otorgar condiciones para que el trabajo informativo se realice sin sobresaltos y con plena libertad.
El gobierno debe reconocer que en el ejercicio del periodismo existen diversas visiones y por lo tanto no puede ni debe intentar aglutinar en una sola corriente de pensamiento –que le sea favorable— a los periodistas. Se debe entender que las motivaciones de la prensa y de los periodistas responden a las diversas líneas editoriales de la que proceden, y en ese sentido, atentar contra la diversidad de pensamiento, es intimidarlo y acallar ideas que pueden ser opositoras o contrarias al régimen en turno.
7. El Foro Nacional de Periodistas y Comunicadores A. C., reconoce la precariedad en la cual se realiza la práctica periodística en México, pero aún así estamos en contra de las prebendas especiales que pretendan generar privilegios de los cuales carece una buena parte de la población.
No queremos más de lo que tienen los demás. Queremos igualdad en las oportunidades, aspiramos al desarrollo profesional, personal y económico, pero lo queremos obtener en base a nuestro propio esfuerzo, no derivado de una entrega al poder o como una concesión por convertirnos en defensores a ultranza de un régimen, sea del color que sea.
Entendemos la importancia de la capacitación constante, la valoramos como un método para mejorar el desempeño profesional y eso exigimos: planes de capacitación, instrumentos para el crecimiento y que de ahí dimanen los eventuales beneficios de esta profesión.
No queremos “chayote institucionalizado”, ni prebendas a contentillo solamente para congraciarse con el gremio y ofrecer, a cambio, un buen trato en el manejo informativo. Nuestra exigencia no tiene como fundamento el beneficio de unos cuantos, sino la instrumentación de acciones públicas que incidan de forma positiva en todos los periodistas de México.
No pedimos más, pero no aceptamos menos.
Otros Juglares:
–“Es que es posible que, sin violar la Constitución, se pueda proponer en una ley o en una reforma a la ley electoral, que se elijan a los consejeros y magistrados del tribunal electoral del INE y del Tribunal Electoral, que sea posible que no haya plurinominales, que en vez de 500 sean 300. Ver si existe, de acuerdo a lo que establece la Constitución, la posibilidad de hacer una reforma”.
Lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador al exponer como “plan B” la posibilidad de que si la reforma constitucional en materia electoral no alcanza las 2/3 partes de los votos requeridos para ser posible, entonces propondría otra ruta que solamente requiera los votos de una mayoría legislativa, la cual tiene en la bolsa.
Gracias por su atención, hasta el jueves si Dios quiere. ¡¡Salud!!
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