El Juglar de la Red
Por Rafael Cano Franco
El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se está quedando sin dinero; no solamente se trata de que se estén gastando todo lo que se había ahorrado, el problema es que existe una muy baja recaudación tributaria y si consideramos que se gasta más de lo que se tiene, entonces lo que sigue es sacar dinero de donde sea.
En diferentes ocasiones el Presidente repitió que su gobierno no había contratado deuda, eso es una falsedad; la realidad es que en estos cuatro años de la Cuarta Trasformación se ha contraído más deuda de la que se contrató con Peño Nieto en todo su sexenio.
El 9 de noviembre del 2021, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció que se había aprobado un nuevo acuerdo para ayudar a México con una línea de crédito flexibles de aproximadamente 50 mil millones de dólares.
No significa que el gobierno de López Obrador hubiera utilizado todo ese monto, simplemente se establece que tiene esa cantidad para utilizarla si así lo requiere. Y lo ha requerido.
Hace poco más de una semana se anunció que la Secretaría de Hacienda estaría contratando una línea crediticia por 5.5 mil millones de dólares que empezaría pagarse a partir del 2032, sin hacer referencia del uso o destino de ese dinero.
En otro acto desesperado por obtener dinero para el gobierno, la bancada de Morena presentó la llamada “Ley Mier”, una iniciativa cuya intención es apropiarse de aquellas cuentas bancarias que no presentan movimiento durante tres años consecutivos.
La intención es que el gobierno se quede con los 33 mil millones de pesos que están en esas cuentas y muchas de ellas son de personas denunciadas como desaparecidas, otras pertenecen a ahorradores que simplemente no quieren tocar ese dinero porque lo tienen a resguardo para emergencias; el caso es que se lo van a quitar sin no le dan movilidad.
El gobierno federal no ha reducido su tren de gasto, la austeridad existe solamente en el discurso político, pero en la realidad la casta burocrática volvió a recuperar sus privilegios; a eso se suman las grandes obras faraónicas y el costo de aquellas que se cancelaron.
Solamente cancelar el aeropuerto en Texcoco le cuesta a los mexicanos más de 330 mil millones de pesos en bonos, que recién se empezaron a pagar; las obras como “Dos Bocas” y “El Tren Maya” no solamente están excedidas del presupuesto original.
Por ejemplo, “Dos Bocas”: el presupuesto original que el Presidente planteó fue de 8 mil millones de dólares; cuando las empresas internacionales convocadas para la construcción le dijeron que ese dinero no alcanzaría y menos que se podría edificar en los tres años que quería estuviera terminada, entonces les dio las gracias y anunció que México asumiría la construcción sin ayuda de nadie.
El resultado de esa decisión es que el costo de “Dos Bocas” casi se triplicó, la última estimación daba cuenta de una inversión que supera los 20 mil millones de dólares –con ese dinero se pudieron comprar diez refinerías como la de “Deer Park” en Texas– y todavía no se termina a pesar de que fue inaugurada hace seis meses.
Para un gobierno, como el de la Cuarta Trasformación, que mantiene una base electoral sustentada en el reparto de dinero, es muy importante contar con los fondos para mantener los programas sociales y así tener contentos a quienes les compra el voto.
El problema es que al no tener un sistema tributario efectivo, donde apenas se recauda el 13 por ciento del PIB –comparado con países de la OCDE que recaudan el 36 por ciento—y donde la economía informal ronda en el 60 por ciento, el gobierno mexicano se queda sin fondos y por ello es menester recurrir a créditos y leyes para obtener recursos frescos que le permitan seguir manteniendo su base electoral y garantizar que van a terminar sus obras faraónicas.
Al acabarse los ahorros de los fondos que se apropió el gobierno federal, lo que sigue es comprometer el futuro y eso se hace pidiendo dinero prestado, inventando leyes y cuidado porque en un descuido se queda hasta con las Afores, al final de cuentas el que venga después que lo resuelva.
¿Y “El Pichón” Arenas, qué dice?
Cuando los periodistas se organizan con el objetivo de buscar ayudar al gremio, sin considerar filiaciones o líneas editoriales se debe reconocer el esfuerzo y apoyarlo; los periodistas reclaman organizaciones fuertes, que puedan ser interlocutoras con el poder y realizar gestiones ante el ejecutivo, el legislativo o cualquier otra instancia y con ello generar condiciones que permitan un mejor ejercicio de la libertad de expresión.
La creación de la organización “Periodistas y Comunicadores Sonorenses por la Trasformación” es una buena iniciativa a la que se le debe juzgar por los resultados y no por algunos personajes que la integran y cuyas simpatías con el gremio periodístico son inexistentes.
Que aparezcan ahí: Francisco “El Pichón” Arenas Murillo, Carlos Romero y Juan Antonio “El Cachas” Pérez –con quienes tengo amistad y reconozco su trabajo—es un buen augurio y debería bastar para que el gremio les brindara un voto de confianza.
Sin embargo, luego aparecen expresiones condicionantes que no son alentadoras y menos buscan atender la problemática general del gremio periodístico en Sonora, como la que publicó el señor Demian Duarte en redes sociales.
De entrada, dice que con su capacidad de gestión van a ofrecer “financiamiento, equipamiento, servicios médicos y condiciones dignas de trabajo a todos los que se unan a nuestra organización”. Es decir, su trabajo no es para todos los periodistas, sino que está condicionado a estar afiliados a su grupo. Ya de entrada el asunto va mal. Al parecer esa capacidad de gestión tiene que ver con un “chayote” institucionalizado, porque no se trata de la capacidad de gestión para unos cuantos, sino de generar políticas públicas que impacten a todos, no solamente a los que van conmigo.
En el mismo texto, Demian Duarte compromete la libertad de sus afiliados al enmarcar que esta agrupación va a trabajar solamente con aquellos que son “afines” y que comparten una visión de cambio, porque considera necesario “afianzar la trasformación en Sonora e impulsar a los profesionales de los medios, lejos de los vicios y fijaciones políticas de antaño”.
Aquí existe un serio problema porque para poder ser partícipe de los beneficios que ofrecen, el periodista debe mostrarles “afinidad” al proyecto político e ideológico que ellos promueven, eso compromete al periodista y lo aleja de la libertad de expresión. Esta condicionante implica que formar parte de esta agrupación implica manejar una línea editorial que vaya acorde al proyecto político que impulse.
Ignoro si Francisco Arenas Murillo, Carlos Romero, Jesús Antonio Pérez –los menciono a ellos porque son a quienes conozco y con quienes he convivido, a Claudia Aguirre Yescas no tengo el gusto—comparten estos conceptos que da a conocer Demian Duarte como el eje central de esta organización.
Sigo pensando que más allá de expresiones tan torpes y burdas como esa de Demian Duarte, la cual se convierte en una puñalada a una organización que va naciendo; ellos y ella deben dar la cara y explicar claramente si todo esto de “afinidad” con un proyecto político; si los beneficios se otorgan solamente a quienes se afilien y no para el gremio en general; si en ellos también priva esa espíritu sectario y más allá de crear una organización para trabajar a favor del gremio, lo que realmente buscan es crear un respaldo político para una determinada ideología.
Creo que la seriedad, humildad y serenidad de Francisco Arenas, quien preside la organización, es mucho mayor que este tipo de expresiones de soberbia y altanería, no creo que considere que así se logre la unidad del gremio porque sabe que esos dichos en lugar de atraer, alejan y lo peor es que los etiqueta de inmediato y con ello los limita en sus acciones.
Por eso hay que esperar lo que Pancho Arenas tenga que decir y este espacio siempre estará abierto para las causas que ayuden a todo el gremio periodístico de Sonora, sin limitantes y sin condicionantes.
Otros Juglares:
–“Con la presidencia y liderazgo de Francisco Arenas y la capacidad de gestión de cada uno de los integrantes, ofreceremos acceso al financiamiento, equipamiento, servicios médicos y condiciones dignas de trabajo a todos los que se unan a nuestra organización.
“Se trata de una organización de periodistas, trabajando para ayudar a otros periodistas, con una afinidad y una visión de cambio. Es necesario afianzar la transformación en Sonora e impulsar a los profesionales de los medios, lejos de los vicios y fijaciones políticas de antaño…”.
Lo dijo el integrante de la recién formada organización “Periodistas y Comunicadores por la Trasformación”, Demian Duarte, y con ello establece algunos puntos que se alejan de lo que es un periodismo basado en la libertad de expresión y además establece como obligatoriedad para los periodistas ser defensores de un proyecto político específico, eso sin abundar en el sectarismo que deja manifiesto en su proclama.
Gracias por su atención, hasta el miércoles si Dios quiere. ¡¡Salud!!
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